«Hasta pronto, “Patch”».
Thomas Drexler tenía una pistola en la sobaquera, un folio en el pecho y el nombre de una mujer ardiéndole en la cabeza.
Lo último que recordaba de Selena era su sangre en la camilla y la misiva por la que no sabía si perdonarla o condenarla.
Thomas cruzó al volante el gigantesco puente de la calle sexta con la chaqueta abierta; la carta arrugada en el bolsillo interior desprendía su perfume. La había leído tantas veces que podía recitarla de memoria, pero, aun así, cada vez encontraba un matiz distinto en las curvas de esas letras que su amada había trazado de forma manuscrita.
«Esto iba a ser un adiós, pero no sé por qué ahora miro atrás y pienso que hay muchas cosas de ti que me perdí…»
Mirando los numerosos arcos laterales, pensó:
Tal vez, fuera lo más cerca que ella había estado de una disculpa.
Y también lo más que él estaba de perdonar.
* * *
Las noticias le acaecían como ecos rotos: que Selena se hallaba escondida en algún barrio del este; que había vendido información sobre GASLIGHT; que Duke «Diesel» Rojas, exmarine, ex sicario y ahora líder de una banda latina, tenía puesto precio a la cabeza de la chica. Y que la quería muerta.
Thomas pensó; ¿Por traidora? ¿Por saber demasiado?
También decían haberla visto con Iris «Red» Varela, aunque nadie confirmaba si la protegía… o le daba caza.
* * *
—No puedes salvarla, Thomas —dijo Iris, cruzando los brazos frente a la puerta oxidada del motel.
Su pelo rojo brillaba cuál bengala en la noche. Tenía esa forma suya de decir las cosas como si ya supiera el final.
—¿La estás buscando tú también?
—Solo estoy observando —respondió ella—. Aunque, si Diesel te encuentra antes, no va a contemplar nada. ¡Va a enterrarte!
—Otros ya lo intentaron —sentenció Thomas, sin mirar atrás.
Lo encontraría él primero…
* * *
La ciudad no le amaba, pero lo guiaba. Las luces de Xenón, los tejados bajos de East L.A., los túneles de concreto en el río …
Allí era donde Diesel mandaba.
El entorno en que las bandas obedecían sin rechistar, y en el que la lealtad se medía con balas.
Thomas llegó al túnel de drenaje como un forastero en tierra marcada. Allí lo esperaba Diesel, con cinco soldados.
Y esa sonrisa suya. La de los hombres que han causado demasiadas muertes como para volver a dormir tranquilos.
—Así que vienes tú solo —dijo Diesel—. ¿A morir por una mujer que te mintió?
Thomas no respondió.
—¿O acudiste a preguntar si te dejó por ti… o por otro?
El primer disparo lo realizó uno de los latinos.
Falló.
Thomas se lanzó hacia él, lo tumbó, giró sobre sí mismo y recuperó el arma al vuelo.
La pelea estalló.
Los primeros dos cayeron con precisión quirúrgica.
El tercero le rozó el hombro de un disparo antes de recibir uno él.
El cuarto le escupió sangre en la cara previamente a ir a dormir.
Y entonces Diesel cargó contra él, cuchillo en mano.
Lucharon cuerpo a cuerpo.
El acero cortó el aire.
Thomas sintió el golpe seco en las costillas, pero lo ignoró.
Apretó los dientes y tumbó a su oponente de un rodillazo.
Le puso la bota en el cuello.
—¡¿Patch te pidió que vinieras a morir por ella?! —rugió Diesel como pudo.
—No —susurró Thomas—. Yo decidí.
Y, entonces, lo dejó inconsciente. Llamo a la policía, de forma anónima.
* * *
Al amanecer, Thomas subió por las colinas de «Baldwin Hills» hasta llegar a un mirador.
Tenía la ropa rasgada, los nudillos ensangrentados, el costado herido, y la carta aún en el bolsillo.
No necesitaba leerla.
Ya vivía dentro de él.
Iris lo esperaba en el coche, fumando con aire de quien no se permite opinar.
—¿Está viva? —preguntó ella.
—No lo sé.
—¿Y tú?
Thomas la miró.
—Tampoco lo sé.
Ella asintió, como si esa fuera la única respuesta posible.
* * *
Esa noche, en un motel barato, Thomas se sentó frente al ventilador roto y sacó la carta por última vez.
La deslizó sobre la mesa, junto a un viejo mapa de la frontera.
«…terminaron de romper su hechizo sobre mí…»
GASLIGHT, Akhekhu, Torian, todos nombres que antes eran certeza.
Ahora eran solo niebla.
«…tan solo atisbo a vislumbrar qué tipo de secretos esconde GASLIGHT…»
Selena no le dio su ubicación.
Ni una pista.
Solo eso: un «…hasta pronto…» en español.
Y el recuerdo de las flores.
Thomas apoyó los dedos sobre la tinta.
No estaba seguro de qué buscaba: ¿perdón, redención, una explicación?
Pero por primera vez en semanas, no sentía rabia.
Solo una extraña e inquieta paz interior.
Como si, aunque no supiera el camino, al menos supiera que quería caminar.
* * *
Cuando salió del motel, el cielo empezaba a clarear.
La ciudad seguía ahí.
Con sus murales, sus cicatrices, sus silencios.
Y en alguna parte, también ella.
Selena «Patch» Ortega.
La mujer que lo salvó.
La mujer que quiso desaparecer.
La mujer que quizá… todavía lo estaba esperando.
CONTINUARÁ…
Anexo:
«Querido Thomas, esto iba a ser un adiós, pero no sé el porqué ahora miro atrás y pienso que hay muchas cosas de ti que me perdí. Los médicos atribuían a un milagro que yo hubiera llegado viva hasta ellos, pero yo vi a Torian junto a mí en el vuelo y sé la verdad. También vi el comportamiento de esa a quien llamáis Akhekhu, no sé bien quién es o qué es, pero sus ojos parecían más viejos y, sobre todo más sabios que los del propio Marcus, terminaron de romper su hechizo sobre mí.
Ahora, tan solo atisbo a vislumbrar qué tipo de secretos esconde GASLIGHT y qué maravillas hallasteis en vuestro viaje.
Lo dejaré en un (hasta pronto).
P.D. Me encantaron las flores.
Atentamente tuya, Patch, Selena Ortega.»
