Metodología 1 - El primer punto sería: tener una relación profunda con tus personajes.
Las novelas solo funcionan si sus personajes resultan creíbles. Y los personajes son creíbles cuando el lector puede entender la complejidad de su naturaleza humana: sus cualidades, sus defectos, sus contradicciones, sus deseos y sus miedos.
Hay que saber quiénes son, qué quieren, qué les duele, qué ocultan y cómo cambian a lo largo de la historia. Un personaje no debería existir únicamente para cumplir una función narrativa, sino para actuar desde una lógica interna reconocible, como alguien que toma decisiones condicionadas por su carácter, su pasado y sus conflictos.
Los personajes completamente buenos o profundamente malos suelen caer en el estereotipo y, por tanto, resultan menos creíbles.
Para crear personajes verosímiles, es necesario conocerlos a fondo: su aspecto físico, su comportamiento, su psicología, su entorno social, sus ideas, sus pasiones y también su vida antes del comienzo de la novela.
Cuanto mejor conozcas a tus personajes, más coherentes serán sus decisiones. No se trata de contarle al lector todos esos detalles, sino de que tú, como autor, los tengas claros para que cada gesto, cada reacción y cada contradicción nazcan de una personalidad reconocible.
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