«Francisco Xavier Mina».
Valencia, a 6 de Mayo de 1816.
Mi muy querido Xavier:
No
sé si hago mal en tomar la pluma con tan poca modestia; mas, pues mi
corazón no acierta ya a callar, fuera mayor falta querer fingir sosiego
donde no le hay. Desde que nos apartamos, vivo como en sobresalto dulce,
pensando a cada instante dónde estará vuestra merced, qué cielos le
cubren y si se acordará alguna vez de aquella pobre muchacha que, sin
merecerlo, tuvo la dicha de oírle hablar tan de cerca.
¡Ay,
Xavier mío!, cuánto me pesa no ser hombre para seguirle por mares y
peligros, ni tener más armas que mis oraciones. Bien conozco que no
pertenece Vmd. a una sola persona, sino a sus altos pensamientos y a la
causa generosa que abraza. Y, sin embargo, déjeme decirle, aunque peque
de niña y de loca, que me consuela imaginar que entre tantos afanes
guarda todavía un rinconcito de memoria para mí.
No
quisiera yo detenerle, no; antes querría morir de pena que verle
desmerecer de sí propio. Si Vmd. ha nacido para empresas grandes, ¿qué
derecho tendría yo a pedirle una vida quieta? Pero bien podrá permitirme
que le ame y que me envanezca de amar a un hombre tan valeroso y tan
bueno. Porque si la gloria le llama, también una alma fiel le bendice.
No
se me apartan de la imaginación los días de Bayona. Todo cuanto allí vi
me parece ahora más hermoso porque Vmd. lo miraba conmigo. A veces
cierro los ojos y me figuro que todavía paseo a su lado, y que Vmd. me
habla en ese tono suyo, tan grave y tan tierno, que deja al corazón sin
defensa. Entonces me parece imposible que el mundo sea tan ancho y tan
cruel que pueda separar lo que en tan breve tiempo quiso unirse.
No
sé qué será de nos. Sólo sé que, desde que le conocí, ya no puedo pedir
al Cielo ventura que no lleve su nombre. Vaya Vmd. donde el honor le
conduzca; yo quedaré esperando, sin queja y sin mudanza. Y si alguna vez
la tristeza le acometiere, piense que le quiero con toda la pureza de
mi alma y que tendría por dicha muy grande emplear la vida entera en
quererle.
Suya, con el corazón rendido,
Baltimore, a 15 de Julio de 1816
Mi estimada y adorada Luisa:
He
recibido la carta de Vmd., cuya lectura me ha turbado el ánimo más de
lo que sabría confesar sin rubor. En las horas recias que aquí paso,
ocupado en tratos, conferencias y cautelas, ha sido para mí singular
consuelo volver a sus renglones, tan llenos de candor, de ternura y de
esa noble conformidad con el sacrificio que solo se halla en los
corazones excelentes.
Me
tiene Vmd. en Baltimore, donde procuro entenderme con ciertos
comerciantes afectos a nuestra empresa. No son estos hombres de
exaltación, sino de cuenta y cálculo; pero aun tales espíritus alcanzan a
veces que la libertad necesita socorros terrenales, así como las causas
santas precisan de navíos, armas y dinero. Confío en que, con el favor
de Dios, podremos disponer lo necesario para seguir adelante.
Mi
designio continúa siendo pasar a México, donde espero reunirme con
amigos resueltos y con elementos bastantes para hostilizar al poder que
hoy oprime aquellas provincias. Nada hay todavía tan seguro como yo
desearía; mas la ocasión se va formando, y conviene a los hombres de
resolución ayudar al tiempo en vez de aguardarlo dormidos.
He pensado mucho en Bayona, y acaso más de lo prudente. En medio de mis ocupaciones, tornan a mí aquellos paseos, aquellas conversaciones nuestras, y la memoria de Vmd. se me presenta con una dulzura que no sé apartar ni quiero vencer del todo. Bien puedo decir a Vmd. que, si alguna vez me fue sensible el precio de mi destino, ha sido desde que conocí en su compañía cuánto vale una dicha sosegada.
He pensado mucho en Bayona, y acaso más de lo prudente. En medio de mis ocupaciones, tornan a mí aquellos paseos, aquellas conversaciones nuestras, y la memoria de Vmd. se me presenta con una dulzura que no sé apartar ni quiero vencer del todo. Bien puedo decir a Vmd. que, si alguna vez me fue sensible el precio de mi destino, ha sido desde que conocí en su compañía cuánto vale una dicha sosegada.
No
hay en mí mudanza, Luisa. Si me alejo, no es por tibieza del afecto,
sino por el imperio de obligaciones que no me es dado quebrantar sin
afrenta. Tal es mi conflicto: que, mientras el corazón me inclina a
buscar reposo cerca de Vmd., el honor me impele a seguir un camino donde
acaso me pierda. Y, no obstante, abrigo la esperanza de que el Señor no
ha de ser tan severo con nosotros que no consienta vernos de nuevo.
Guarde
Vmd. esta seguridad: si llego a pisar tierra mexicana con fortuna
favorable, será uno de mis primeros cuidados procurar el medio de que
podamos reunirnos. ¡Qué dulce me fuera mostrarle un país libre y
comenzar allí una vida en que no hubiese que escoger entre el deber y la
felicidad!
De Vmd., suyo de corazón,
Xavier.
14 de Febrero de 1817.
Mi bien querida Luisa:
Hállome
en Nueva Orleans, detenido por esperas, recados y conferencias con
personas de cuya voluntad dependen pasos de mucha consecuencia. Esta
dilación me fatiga más que el peligro, porque en la acción manda el
ánimo, pero en la espera habla el corazón.
Si
Vmd. me preguntase qué me sostiene, le diría que la esperanza de servir
a la libertad y la de volver a verla. Ambas me alumbran; mas no pocas
veces temo que una haya de costarme la otra.
Suyo siempre,
Xavier.
México a 13 de Noviembre de 1817
Excelentísima Señora:
Con
la mayor pena cumplo el triste encargo de participar a V.S. que don
Francisco Xavier Mina fue pasado por las armas el día 11 del corriente.
Murió con serenidad y firmeza extraordinarias, sin abatimiento ni
bajeza, cual correspondía a su espíritu.
En
sus últimas horas no nombró sino la libertad y aquello que dejaba
atrás. Creo, sin temor de engañarme, que en ese recuerdo iba V.S.
comprendida.
Dios Nuestro Señor consuele a V.S. y le dé resignación cristiana.
Francisco de Eguía.
