«El informe a Li Liam».
Mientras se dirigían al deslizador militar en el que había llegado con los cadetes, Darío comenzó:
—Sentémonos, señor. Intentaré contarle lo ocurrido estos días. —Darío se acomodó frente a Li Liam y ordenó—: Taylor, conduzca al centro de mando del polideportivo.
—A sus órdenes, mi lugarteniente —obedeció el cadete.
—Todo comenzó el sábado, el pasado día 3. La hija de Qi Xiao, Yum, y sus amigos nos habían puesto al corriente de los planes de los delegados, principalmente de su padre y el delegado ruso —empezó a explicarle Darío a Li Liam—. No sabíamos muy bien qué esperar ni dónde buscar apoyos, así que confiamos en disponer del máximo tiempo posible y que no hubiese sorpresas. Montamos nuestro improvisado centro de mando en el pabellón de deportes del bloque de Europa, juntando mesas, sillas y pizarras. Y utilizamos los enlaces de la sala de comunicaciones del lugar para acceder a la red general y a la militar.
»Ese sábado se discutía en el edificio del HGC la posibilidad de visitar el planeta cuando entrásemos en su órbita. Aunque formábamos parte de una misión de larga duración, los noticiarios reflejaban el desánimo general: investigar Alpha Centauri Ab retrasaría el comienzo del viaje de regreso a la Tierra. Puede que fuera porque aún no conocíamos el planeta, pero Jade y yo decidimos hacer lo mismo que cualquier otro sábado. Eso sí, sin apartarnos de nuestros scrolls y manteniendo los turnos de guardia.
»Ese día acabamos en el área de fabricación, investigación y desarrollo del campus. Un edificio abierto y con actividad nos llamó la atención, así que nos acercamos a la puerta y Jade, como siempre, no dudó en presentarse:
»—¿Hola?, ¿hay alguien aquí? —preguntó su hija, sin una pizca de vergüenza desde la puerta.
»Yo insistí en que no molestáramos, pero ya sabe lo cabezona que es.
»—¿Hola? —repitió en un tono más contenido—. Vamos a ver qué hay dentro, nene —me dijo.
»—Jade, no pintamos nada aquí…
»—Exacto, no pintar nada aquí —repitió una voz—. Aquí no hay nada que pintar.
»Un joven de apariencia extraña se nos quedó mirando desde unas escaleras.
»—Hola, chico. ¿Quién eres? —preguntó Jade con amabilidad.
»—Hola —la contestación sonaba algo torpe.
»—¿Hola? —repitió Jade.
»—Ah, soy Aaron. Aaron soy yo, y él es Darío… Yo lo vi en las noticias.
»—Ajá, y yo soy Jade, su novia.
»—Nov-novia, amiga —titubeó Aaron.
»Se abrió una puerta y un hombre casi anciano apareció tras ella, justo escaleras arriba, detrás de Aaron.
»—Bienvenidos —dijo el hombre con una sonrisa afable—. Aaron, hijo, ¿me presentas a nuestros nuevos amigos?
»—Sí, padre. Ella es Jade y él es Darío, el primer nacido de la misión. Él es mi padre, el decano Hubert Koening. —El chico nos confirmó el dato que ya conocíamos.
»Pasamos toda la tarde con Aaron y su padre. Jade consiguió que Aaron se sintiera cómodo y hablara con naturalidad; yo, en cambio, apenas sabía qué decirle.
»El caso es que fue una conversación muy interesante, ya que resultó que el profesor Koening es el encargado del traje de vuelo autónomo que tanto me alucina.
Darío llevaba ya un buen rato enfrascado en relatar a Li Liam los sucesos pasados el día anterior, justo antes del envío de la lanzadera al planeta. Aún le quedaba su regreso y el comienzo de la operación de amotinamiento de Qi Xiao.
—Chico, te vas mucho por las ramas —lo reprendió el comandante—. A ver si lo he entendido: Wenxi Qi Xiao y otros delegados usaron a las tropas de élite de los marines chinos, y unos críos frustraron la operación.
—Ejem… Sí, señor.
—No sé cómo habéis tenido tanta suerte…
El transporte se detuvo.
—Hemos llegado al centro de mando —anunció Darío.
Darío y Li Liam entraron en el pabellón de deportes. El despliegue de los cadetes era impresionante, pero Li apenas lo vio. Durante el trayecto no había dejado de pensar en el hombre al que había matado por primera vez. Tal vez, si lo hubiera dejado con vida, habría tenido tiempo de salvarlo. O si no hubiese empleado tanta fuerza interior. «Tonterías», se reprochó. Qi Xiao estaba dispuesto a matarlo y, a juzgar por el componente sobrenatural del combate y por la herida que Li llevaba en el pecho, había estado muy cerca de conseguirlo.

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