«Francisco Xavier Mina».

Valencia, a 6 de Mayo de 1816. Mi muy querido Xavier: No sé si hago mal en tomar la pluma con tan poca modestia; mas, pues mi corazón no acierta ya a callar, fuera mayor falta querer fingir sosie…

«Cabeza de familia».

La mañana en que comprendí que la infancia había terminado, no llegó con trompetas ni con lágrimas, sino con el sonido humilde de una llave girando en una cerradura. La tenía entre los dedos —pesada,…

«Claire».

Claire de Varnes entró al castillo en noviembre. Los árboles habían perdido ya casi todas sus hojas y el jardín del pensionado presentaba ese desorden triste de la tierra removida y los setos desnudo…

«La nueva aliada».

A la mañana siguiente, Éléonore asistió a clase de música sin oír una sola nota. Las manos de Adèle pulsaban el clavecín con esa exactitud fría que tanto alababan las monjas; sor Béatrice marcaba el …

«Las cartas...»

La carta llegó al Château d’Écouen en una mañana de escarcha, mezclada con la correspondencia de madres devotas, una tía enferma y una modista de Pontoise que reclamaba el pago de unos encajes. La …

«Francés pobre, almanseño rico».

Yusuf jamás hubiese imaginado encontrarse sentado sobre un tesoro… Yusuf Ben Ali había «bajado al Reino» por la Cañada Real desde Teruel, como cada invierno, con sus ovejas merinas. El pastor mozárab…

Metodología 7 - Los hilos y tramas.

La arquitectura de una novela es como el plano invisible sobre el que se levanta toda la historia. Para quien se adentra en la escritura, conocer los pilares básicos es fundamental. Entre ellos, la p…

«Los “comuneros” en Valencia».

Marcos vivía con los dedos manchados de tinta y la espalda encorvada sobre cajetines. En la imprenta de don Elías, el ruido era siempre monótono: el chasquido del componedor, el crujido del papel, el…

«Amor, ¿platónico?»

Cuando le conocí, comprendí en el acto cuál sería mi desventura: él no estaba hecho para una vida tranquila, y precisamente por eso resultaba imposible no amarle. No fue solo su fama, aunque su nombr…

«Sin culpa».

Nazario tenía quince años. Vivía en una casa de piedra y madera, de techumbre baja y patio irregular, en Alpuente, donde el frío se agarraba a las paredes durante meses y el viento descendía de los a…